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DECLARACIÓN DE OTMAR ODUBER: ¡No somos ciudadanos de segunda categoría!

Otmar Oduber

 

22 de septiembre de 2026

¡No somos ciudadanos de segunda categoría!

Pueblo de Aruba: Hoy comparto con ustedes uno de los momentos más difíciles de mi vida. He sido condenado a dos años de prisión. Respeto la decisión de la corte, pero no puedo aceptarla. Una cosa es una decisión legal y otra muy diferente es que esa decisión sea justa y correcta.

Y hoy quiero hablarles de justicia. Pero también de dignidad, de igualdad y del derecho de Aruba a decidir sobre su propio futuro.

Durante los últimos años hemos visto cómo varios políticos de Aruba han sido investigados y condenados por corrupción.

Pero quiero hacer una pregunta: ¿Cuántos Primeros Ministros o Ministros del Gobierno Nacional de los Países Bajos han sido condenados por corrupción durante los últimos veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años?

No he encontrado ni una sola condena… ¡ni una! ¿Significa esto que en los Países Bajos no hay corrupción? ¿Que durante décadas ningún ministro cometió una irregularidad? ¿Que la corrupción solo existe en las islas del Caribe?

No acuso a nadie sin pruebas. Pero tampoco dejaré de hacer preguntas sobre las diferencias entre nuestros sistemas de justicia.

Porque hay una frase que hoy cobra más fuerza que nunca: “Hay que hacer lo que ellos hacen y no lo que nos dicen que hagamos.”

En los Países Bajos, para poder juzgar a un ministro por cierto delito cometido durante el ejercicio de su cargo, debe haber una decisión del Gobierno o del Parlamento.

¡Así está estipulado en su propia Constitución!

Pero aquí, en Aruba, nos han dicho que tenemos un procedimiento diferente.

Nuestros jueces son nombrados mediante decreto real. Nuestro sistema judicial forma parte de una estructura compartida dentro del Reino. Y nuestras sentencias pueden llegar hasta el Tribunal Supremo de los Países Bajos.

Por lo tanto, mi pregunta es: ¿Por qué ellos tienen un procedimiento constitucional especial y nosotros no?

¿Por qué hay garantías diferentes para un ministro que forma parte del mismo Reino?

¿Y por qué no podemos discutir esas diferencias sin que inmediatamente se cuestione nuestro compromiso con la justicia? No pido impunidad, pero sí exijo igualdad. No digo que un político deba estar por encima de la ley. Pero sí digo que ningún ciudadano debe estar por debajo de la ley.

Porque no puede haber ciudadanos de primera categoría y ciudadanos de segunda categoría.

No puede haber países de primera categoría y países de segunda categoría.

¡La justicia no puede tener dos categorías de ciudadanos dentro de un mismo Reino!

Y por eso repito: “Hay que hacer lo que ellos hacen y no lo que nos dicen que hagamos.”

Si las garantías constitucionales son importantes para los ministros de los Países Bajos, nosotros también tenemos derecho a exigir garantías efectivas para los ministros y los ciudadanos de Aruba.

Y quiero dejar una cosa absolutamente clara. No estoy en contra de los Países Bajos. No estoy en contra del pueblo holandés. No estoy en contra de nuestra historia compartida.

Reconozco todo lo que hemos construido juntos. Reconozco lo que los Países Bajos han aportado a Aruba.

¡Pero también exijo que los Países Bajos reconozcan lo que Aruba ha aportado! Nuestro trabajo. Nuestra cultura. Nuestra economía. Nuestra identidad.

Aruba no es simplemente un país que recibe. ¡Aruba también aporta! Y por eso siempre he defendido la necesidad de fortalecer nuestra autonomía.

Porque la autonomía no es solo tener una bandera, un himno, un Parlamento o un Gobierno. La verdadera autonomía consiste en tener el poder de decidir sobre nuestro propio futuro.

No podemos hablar de igualdad si las decisiones fundamentales que afectan a nuestro pueblo se toman sin nuestra participación efectiva.

No podemos hablar de autonomía si no tenemos plena capacidad para decidir sobre nuestros propios asuntos.

Y no podemos hablar de respeto mutuo si nuestras preocupaciones no son escuchadas.

No quiero que Aruba esté por encima de los Países Bajos. Pero tampoco acepto que se considere a Aruba como menos que los Países Bajos.

Esa ha sido mi convicción durante décadas. Y esa convicción no cambia por causa de una sentencia judicial.

Hoy me han condenado por actuaciones relacionadas con mis actos como ministro. Por las decisiones que tomé buscando oportunidades de vivienda, trabajo y desarrollo para nuestra propia gente. Los tribunales han interpretado ciertas actuaciones de mi gestión como delitos.

Respeto la decisión, pero no la comparto.

He dedicado mi vida pública a servir a nuestro pueblo. A conocer sus necesidades. A buscar soluciones para quienes necesitaban una vivienda, un trabajo o una oportunidad.

No porque fuera corrupto. No porque haya robado. No porque me haya beneficiado a mí mismo. No porque haya traficado.

Y considero que hay argumentos y elementos de mi defensa que deben ser examinados de nuevo.

No estoy aquí para pedir un privilegio. Estoy aquí para defender mi derecho a la justicia. Porque una condena puede quitarme la libertad, pero no puede quitarme el derecho a defenderme. Puede limitar mi participación política, pero no puede eliminar las décadas que he dedicado a servir a mi país, Aruba.

Pueden condenarme, pero no pueden obligarme a renunciar a mis convicciones. Apelaré esta sentencia. Continuaré mi defensa a través de todos los medios legales correspondientes. Y enfrentaré este proceso con la cabeza en alto, con dignidad y con fe en Dios.

No sé cuál será la decisión final de los tribunales.

Pero sí sé con certeza que seguiré defendiendo mis derechos y los principios en los que siempre he creído.

Porque respetar la ley no significa renunciar al derecho de cuestionarla. Porque defender nuestra autonomía no significa estar en contra de los Países Bajos. Y porque exigir igualdad no significa pedir privilegios.

No queremos estar por encima de nadie. Pero tampoco acepto que nos consideren menos que nadie.

Aruba merece respeto. Aruba merece igualdad. Y Aruba merece tener voz en las decisiones que afectan su futuro.

Esa era mi convicción… Esa sigue siendo mi convicción. Y ninguna sentencia la va a cambiar.

¡Que Dios bendiga a nuestro pueblo! ¡Que Dios bendiga a nuestras familias! ¡Y que Dios bendiga a Aruba siempre! 🇦🇼

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