El anuncio de la Ministra Mervin Wyatt-Ras sobre el trabajo que está realizando el Gobierno en un Plan Nacional de Salud Mental y Prevención del Suicidio es un paso que respaldo.
La salud mental no es un tema de oposición contra gobierno. Si existe un plan serio que pueda prevenir el sufrimiento, identificar problemas a tiempo y salvar vidas, el Parlamento debe ayudar a mejorarlo.
Sin embargo, hay una pregunta que no puede quedar sin respuesta: ¿por qué la encuesta nacional comienza únicamente a partir de los 18 años?
Esto es especialmente relevante cuando observamos la información con la que ya cuenta Aruba. El último Follow-up Post-COVID Jeugdmonitor, un estudio nacional realizado por el Instituto Pedagógico Arubano (IPA) y la Vrije Universiteit Amsterdam, incluyó a 2.344 alumnos, principalmente niños de entre aproximadamente 10 y 14 años. La investigación no midió el suicidio directamente, pero los resultados sobre salud mental son imposibles de ignorar.
Casi el 29% de los alumnos se preocupa con frecuencia. Casi el 34% siente preocupación por su futuro. El 24% está nervioso con frecuencia. El 18% se siente solo y casi el 18% experimenta tristeza frecuentemente. Entre las niñas, la problemática es claramente mayor.
El mismo estudio concluye que la salud mental de los alumnos se ha deteriorado en comparación con la medición anterior, y los investigadores recomiendan repetir el monitoreo cada tres años y considerar extenderlo a la educación secundaria, ya que los problemas de salud mental y las conductas de riesgo pueden aumentar durante la pubertad.
Por lo tanto, la pregunta es simple: si sabemos que los problemas de salud mental comienzan mucho antes de los 18 años, ¿cómo podemos preparar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio sin contar con datos actuales y específicos de nuestros menores de edad?
No estoy pidiendo que simplemente se abra la misma encuesta para mayores de 18 años a los niños. Esto debe hacerse de manera profesional. Una encuesta para menores debe contar con preguntas adaptadas a la edad, protección de la privacidad, consentimiento adecuado y, sobre todo, un protocolo inmediato para ayudar a un niño si indica que se encuentra en riesgo.
Precisamente por eso, el Gobierno debe crear un componente separado para la juventud. Aruba se encuentra en proceso de desarrollar un nuevo Jeugdmonitor para jóvenes de entre 12 y 23 años. Esta es una oportunidad perfecta para conectar los esfuerzos en lugar de crear dos sistemas separados.
Mi petición a la Ministra Wyatt-Ras es constructiva: continúe con la encuesta para mayores de 18 años, pero integre también una investigación científicamente validada para nuestros niños y jóvenes.
Un Plan Nacional debe abordar el problema antes de que se transforme en una crisis. La prevención es precisamente eso: no esperar a que el niño cumpla 18 años para comenzar a escuchar su voz.
