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El parlamentario Pieters aboga por transformar KIA en un instituto que realmente cambie vidas

Parlamentario Pieters Ta Boga Pa Transforma Kia Den Un Instituto Cu Realmente Ta Cambia Bida

Cada detenido en el Korrectie Instituut Aruba (KIA) le cuesta aproximadamente 300 florines por día al pueblo de Aruba. Dado que tenemos no más de 300 presos, esto representa 90 mil florines por día y 32.85 millones de florines al año. Pero para el parlamentario Eduard Pieters, la pregunta que el pueblo debe hacerse no es solo cuánto dinero estamos gastando. La pregunta es: ¿Qué recibe Aruba a cambio de esta inversión? Según el líder de la fracción del PPA, la respuesta es preocupante.

Una prisión que no prepara para una segunda oportunidad Durante su disertación en el Parlamento, Pieters señaló una realidad que, según él, no puede seguir siendo ignorada. KIA no puede limitar su función solo a la custodia. Su misión también es rehabilitar y preparar a las personas para volver a la sociedad. Sin embargo, la realidad es otra: solo dos psicólogos, solo dos trabajadores sociales, espacio limitado para programas de desarrollo, e incluso se eliminó la oportunidad de presentar el examen nacional (Landsexamen). “¿Cómo podemos hablar de reducir la reincidencia si estamos eliminando los instrumentos que precisamente podrían cambiar el futuro de una persona?”

La rehabilitación no es un gasto, es una inversión en seguridad Según Pieters, cada preso que sale de KIA sin educación, sin tratamiento y sin preparación para reintegrarse, representa un riesgo para la sociedad y un costo que eventualmente volverá a recaer sobre el pueblo. Por eso, la rehabilitación no debe verse como un lujo. Es la inversión más inteligente que un país puede hacer para reducir la reincidencia y aumentar la seguridad. “Si no cambiamos vidas dentro de KIA, no podemos esperar resultados diferentes cuando la persona salga”.

La seguridad no termina en la puerta de KIA Pieters concluyó que el verdadero éxito de un instituto correccional no se mide solo en cómo mantiene a la gente adentro. Se mide en cuántas personas no tienen que volver (reincidencia). “Podemos seguir gastando millones para mantener un sistema que solo castiga, o podemos empezar a invertir en un sistema que realmente cambie vidas”. Para Eduard Pieters, la pregunta para Aruba es simple: ¿Queremos una prisión que solo vigile a las personas, o queremos un instituto correccional que realmente proteja el futuro de nuestra comunidad?

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