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Servicios Judiciales e Institucionales y el Tribunal de Tutela piden una crianza segura, respetuosa y sin violencia

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Los Servicios Judiciales e Institucionales (J&IS) y el Tribunal de Tutela (CoG) están al tanto del reciente debate público sobre el castigo corporal y la disciplina física de los menores. Dado la importancia de este tema, ambas instituciones desean brindar orientación sobre la crianza positiva, la protección infantil y la distinción entre disciplina y abuso.

El debate surge a raíz de un reciente caso judicial relacionado con el abuso grave de un menor, lo cual ha motivado una discusión pública más amplia sobre el castigo corporal, el maltrato infantil y las responsabilidades legales de los padres y cuidadores. El reciente caso judicial expuso a un niño que había sufrido palizas repetidas durante un período prolongado, lo que dejó lesiones graves y evidencia de heridas tanto antiguas como recientes. Esto no fue disciplina; fue abuso. Ningún niño debe sentir miedo en su propio hogar ni vivir temeroso del adulto responsable de su seguridad, cuidado y protección.

Cuando la seguridad de un menor está en riesgo, las autoridades de protección infantil pueden necesitar intervenir. Esto puede incluir ubicar al niño con familiares seguros y responsables, una familia de acogida o, cuando sea necesario, en un centro de atención residencial. Dicha intervención protege al menor y permite brindar el apoyo adecuado para abordar el trauma causado por el abuso. Todo niño tiene derecho a crecer libre de violencia, lesiones, humillación y miedo.

El castigo físico se presenta a menudo como disciplina, pero no lo es. Golpear, azotar, abofetear o utilizar objetos como cinturones, palos, zapatos u otros elementos para castigar a un menor es inaceptable. Corregir físicamente a un niño enojado es especialmente peligroso; la ira puede llevar rápidamente a un uso excesivo de la fuerza, lesiones y daños emocionales a largo plazo.

Los Servicios Judiciales e Institucionales y el Tribunal de Tutela reconocen que muchos padres y cuidadores experimentaron castigos corporales en su propia infancia. En consecuencia, algunos pueden considerarlo un método normal o necesario para corregir a un hijo y sentir que no les causó daños duraderos. Estas experiencias se comprenden y respetan. Sin embargo, lo que ayudó a muchos niños a convertirse en adultos responsables no fue el castigo físico en sí, sino la presencia de cuidadores amorosos e involucrados que les brindaron orientación, estructura, límites consistentes y modelos a seguir positivos.

La disciplina eficaz no consiste en elegir entre firmeza y amabilidad, ya que los niños necesitan ambas. Se benefician de expectativas claras, consecuencias consistentes, estímulo y refuerzo positivo dentro de un entorno donde se sientan seguros, respetados y amados. Que una práctica sea familiar o se haya utilizado comúnmente en el pasado no significa necesariamente que sea la forma más segura, eficaz o apropiada de guiar a un menor hoy en día.

El castigo físico puede detener una conducta en el momento, pero no le enseña al niño cómo manejar las emociones, resolver problemas ni comunicarse de manera respetuosa. Puede dañar la confianza entre el menor y su padre o cuidador. Los niños expuestos repetidamente a castigos físicos severos pueden arrastrar miedo, ira y dolor emocional hasta la adolescencia y la edad adulta.

Asimismo, el castigo físico enseña a los niños que la ira y la violencia son métodos aceptables para resolver problemas. Un menor que observa repetidamente el uso de la fuerza para obtener obediencia puede llevar esa lección al hogar, a la escuela y a la comunidad en general. Las investigaciones han demostrado que la exposición reiterada a la violencia como medio para resolver conflictos puede aumentar el riesgo de conductas agresivas, dificultades con la regulación emocional y una posterior participación en actos de violencia o delincuencia. No podemos esperar que los niños resuelvan conflictos pacíficamente si se utiliza la violencia contra ellos como método de corrección.

Criar a los hijos puede resultar estresante. Los menores ponen a prueba los límites, cometen errores y es posible que no respondan de inmediato a las instrucciones, lo cual forma parte normal del desarrollo infantil. Muchos padres y cuidadores también deben equilibrar el trabajo, las presiones financieras y otras responsabilidades diarias, lo que dificulta aún más la crianza. Sentirse frustrado o abrumado en ocasiones no convierte a nadie en un mal padre. Lo importante es cómo se gestionan esos momentos. Se anima a los padres y cuidadores a hacer una pausa cuando se sientan abrumados, buscar apoyo y elegir una respuesta que ayude al menor a aprender en lugar de causarle daño.

La disciplina positiva incluye enfoques prácticos tales como: ● Establecer reglas y expectativas claras y acordes a la edad. ● Dar instrucciones directas con calma y asegurarse de que el niño las comprenda. ● Utilizar consecuencias lógicas y consistentes. ● Crear rutinas y estructuras en el hogar. ● Reconocer y elogiar el comportamiento positivo. ● Tomar una breve pausa antes de responder cuando se sienta enojo. ● Escuchar al menor y hablar sobre su comportamiento y el impacto del mismo. ● Utilizar recompensas y consecuencias para enseñar responsabilidad. ● Buscar apoyo cuando la conducta se vuelva difícil de manejar.

El respeto debe ocupar un lugar central en la crianza. Esto implica hablarles a los niños sin degradarlos, escuchar sus preocupaciones, corregirlos sin violencia y mostrarles cómo manejar los conflictos de forma saludable.

Los Servicios Judiciales e Institucionales y varias instituciones en Sint Maarten ofrecen el Programa de Apoyo a la Crianza Positiva. Este programa proporciona a los padres y cuidadores herramientas prácticas para gestionar conductas, fortalecer la comunicación y construir relaciones familiares más seguras. Apoya a los padres en el establecimiento de límites sin violencia y en una respuesta más eficaz frente a los desafíos cotidianos de la crianza.

En las próximas semanas se compartirá con la comunidad más información sobre el programa y las próximas oportunidades de capacitación.

Proteger a los niños es una responsabilidad compartida. Sint Maarten debe ser una comunidad donde los menores sean guiados con cuidado, corregidos con respeto y protegidos de la violencia.

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