La falta de perdón hace que las personas permanezcan en su pasado. La falta de perdón crea amargura en la vida de las personas. La falta de perdón daña nuestra relación con Dios. La falta de perdón trae mucha desconfianza. La falta de perdón hace que la gente odie y también se vuelva vengativa. La falta de perdón rompe familias. La falta de perdón estorba la oración. La falta de perdón quita la paz y la tranquilidad de las personas.
No lo tomes como un juego o algo para bromear. Decir: “yo no perdono, que perdone Dios”, o “yo perdono pero no olvido”, o “yo perdono pero no quiero ver a la persona”, son muchas otras palabras que la gente usa y en las que se nota que su corazón no está bien y que la amargura ha entrado. Pero lo que Dios quiere demostrarnos es que cuando perdonamos, el primero que queda libre somos nosotros mismos, y cuando no perdonamos, nuestra conciencia no queda en paz.
Ahora, tú dices que nadie sabe lo que hay en tu corazón, y que llevas personas dentro de ti, hablando de ellos o viviendo con ellos todos los días, pero tu corazón no es real con ellos. Bueno, tienes que dejar de mentirte a ti mismo, porque la falta de perdón sale a la luz en cómo tratas a la gente, cómo les hablas, e incluso en lo físico, porque la amargura se refleja hasta en la cara y en la expresión de las personas.
Después empiezas a alejarte, luego no puedes enfrentar o no puedes sentarte en una conversación, porque tienes algo contra la persona y ha pasado el tiempo y no lo has soltado. La falta de perdón abre una puerta grande al diablo, porque en el libro de Efesios 4:26-27 está escrito: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. En una palabra, arregla el asunto, perdona al otro. Especialmente cuando se trata de asuntos de matrimonio y familia. Pero tampoco olvides que Dios nos manda a perdonar a todos y no solo a los de nuestra casa.
No dejes que cuestiones de dinero (Mateo 18:21-35) te hagan caminar con rabia contra la gente; perdona y no camines con odio en tu corazón, no desees el mal a nadie, ni pagues mal por mal. Perdona para tener paz contigo mismo, paz con Dios y paz con tu prójimo.
En 1 Juan 3:15 está escrito: Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. Pablo escribe en 2 Corintios 2:10-11: Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
La falta de perdón es un arma de mucha maldad; usar el pasado de una persona contra ella para impedirle avanzar es malicia del diablo. A menudo escuchas a alguien decir una frase delicada que dice: “Está prohibido olvidar”. No uses esa frase en tu hogar, ni en tu matrimonio, ni en tu familia, porque es destructiva. Por amor de Dios, no la uses en ninguna situación; rompe tu relación con los demás.
Recuerda lo que la palabra de Dios dice en Efesios 4:32.
Sinceramente, Pastor Marcel Balootje.
