Josué dice en el capítulo 24, versículo 15 del libro de Josué: “Yo y mi casa serviremos al Señor”. El primer lugar donde una persona debe demostrar que es un buen cristiano y siervo de Dios es en su casa. Es difícil ser bien visto en la calle como cristiano e hijo de Dios si en tu propia casa no reconocen que Cristo Jesús vive en ti, porque en casa eres diferente: gritas, peleas, dices malas palabras, no tienes respeto y los tuyos tampoco te respetan.
Es feo y molesto ante Dios y ante los hombres cuando una pareja casada se comunica con malas palabras. Eso no es correcto y la paz de Dios no está en ese hogar.
Tu casa o tu hogar debe ser territorio de Dios:
Ora en tu casa, canta alabanzas y practica el ayuno.
Mantén tu casa libre de idolatría, brujería, santería, pleitos, manipulación, murmuración, rebeldía, alcohol y drogas.
No traigas a cualquier clase de amistades, no permitas ilegalidad, robos, mentiras, pornografía ni juegos diabólicos.
Invita a personas a orar, prepara tu casa para el evangelio y hazla una casa de amor y perdón.
No permitas los juegos de azar; mantente contento con lo que tienes.
Enseña a tus hijos a respetar a los demás, a respetarse a sí mismos y, sobre todo, a tener temor de Dios.
Como elegidos de Dios, santos y amados, vístanse de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sopórtense y perdónense unos a otros. Y sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto de unidad (Colosenses 3:12-14). Enseña a tus hijos a valorar su hogar, a mantenerlo limpio, a respetarse y a vivir una vida pura y decente.
Recuerden siempre que nuestra casa y nuestra vida pertenecen a Dios; nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Porque toda casa es hecha por alguien, pero el que hizo todas las cosas es Dios (Hebreos 3:4). Ora en tu casa y pide a Dios que llene a tu familia de conocimiento y discernimiento espiritual. Sigan perseverando en oración, manténganse unidos, porque la unión hace la fuerza. Tu casa es territorio de Dios hoy y para siempre.
