Cuando un niño es pequeño y llora, le damos un chupete (chupón) para calmarlo, y el niño se acostumbra tanto que, si lo pierde, los padres se desesperan buscando otro. El niño y su chupete se vuelven inseparables, mientras los padres ganan tiempo para sus asuntos personales. Sin embargo, todos sabemos que cuando un niño llora, suele ser porque tiene hambre o necesita atención, y como no puede hablar, llora. En el crecimiento, el llanto es comunicación para buscar cariño; los padres debemos descubrir qué es lo que realmente necesita el niño.
Hoy en día, muchos padres les dan una tablet a sus hijos para que estén ocupados, para que no molesten, y para demostrar que son “inteligentes” porque a los tres o cuatro años ya saben manejarla. Pero el porcentaje de comunicación y cariño disminuye. El tiempo en que una madre sacaba a su hijo de la cama, lo cargaba y le cantaba una canción para dormir ha pasado; ahora el niño juega con su tablet hasta quedarse dormido. Muchas veces llora porque tiene hambre o necesita que lo cambien, pero la atención de los padres ha menguado.
El niño habla, pero no comunica, porque no hay tiempo para comunicarse con él; habla con su tablet. Cuando la batería se agota, tira el aparato; es su mejor amigo. Sin la tablet, no tiene tranquilidad, porque esta ha reemplazado el cariño de los padres. El niño se encierra en sí mismo; conoce su tablet a la perfección, pero los padres no saben qué juegos hay en ella, ni cómo afectan al niño. El niño se vuelve digitalizado, sin amor, sin comunicación, porque una tablet no es un ser humano.
Luego, el niño crece y le compramos un teléfono para que “se comunique” con nosotros, pero en realidad le hemos abierto la puerta al mundo entero. Un teléfono tiene de todo, y el niño aprende de otros. La comunicación que tú, como padre, deberías tener se rompe. El niño se aísla, porque cree que en su teléfono está todo lo que necesita y lo ama por encima de todo.
Entonces, ¿de quién es la falta? ¿Quién abandonó a quién? ¿Quién olvidó su responsabilidad? No olvides que los hijos son un regalo de Dios.
Atentamente, Pastor Marcel Balootje.
